lunes, 8 de enero de 2018

De pintxos por Bilbao (casco Antiguo)

Todo el mundo sabe que el norte es un espectáculo pasa salir de tapas. Algunas de las mejores ciudades de tapeo están allí (Pamplona, Logroño o San Sebastian) y aunque algo eclipsada por la fama de Donosti Bilbao bien merece una visita. De hecho, en lo que se refiere a bares, es casi mejor. No tiene nada que envidiarle ni en barras ni en ambiente, además es mucho más barata. Y puesto que llevábamos varios años sin ir, esta Navidad nos hemos hecho una escapada... a Bilbao de pintxos o, como dicen ellos: de poteo. Como visitamos tantos bares, en esta entrada, marcaremos de verde los que merecen de verdad la pena.

Nuestra anterior visita fue al Casco Antiguo y, aunque sabemos que Bilbao tiene otras zonas donde hay pintxos de lujo como Deusto o la calle Ledesma, decidimos volver al centro por varios motivos. Primero que es el área donde más hay para explorar y más habitual para los turistas, y el segundo es que en nuestra anterior visita fue de domingo y todo cerraba tan pronto que nos quedamos a medias.

Nos dirigimos hacía allí casi directamente. Nos saltamos la calle Somera que quizá ha cambiado pero que en su momento nos decepcionó por ser una calle que, si lo quieres decir de manera fina, era algo alternativa y si lo quieres decir sin finuras era demasiado perroflauta. Si que pasamos por Santa María y la calle del Perro, entramos en Irrintzi que lo teníamos pendiente de viajes anteriores, pero la hora era mala (15:30) porque la barra estaba ya pelada y el bar vacío. Pedimos una tarta para los niños, un txacolí, un mosto y dos pinchos, uno de langostino con huevo y otro con bacalao por 9€

En la misma zona seguían existiendo otros bares que ya conocíamos como el Txakurtto que no tiene mucha variedad pero es muy auténtico y el Kasko que si que nos gustó por decoración y por los precios.

Tras el paseo centramos el objetivo en la Plaza Nueva, donde pudimos observar que aquí tampoco había cerrado ninguno de los locales que conocíamos: Urdiña (un bar que no era espectacular pero estaba bien). Erreka que era variado, barato y además, a veces dan pintxos a 1€, por lo que el ambiente es muy joven y animado. Charly que no era gran cosa, ni su barra ni el bar pero que tuvieron el detalle, cuando estaban cerrando, de regalar los pintxos a los 4 borrachos que quedábamos dentro. También seguía el Bar Plaza Nueva que no tiene una gran barra pero donde Jon, un crack de camarero que disfraza su local en función de la época del año, recogió a todos los borrachos de la Plaza y nos contó las costumbres de los bares de Bilbao con cata de txacolí gratis incluida.

Volvimos dos veces, una de vermú y otra tarde-noche y lo que vimos, además de que los clásicos seguían abiertos es que había muchos más bares que antes, la mayoría con espectaculares barras de tipo donostiarra y con mucha gente.

Zuga: Gran variedad de pintxos con un servicio de diez. Tomamos dos Coca-Colas con un mosto y de comer pintxo de foie a la plancha (2,10), un taco de bonito (2,30) que fue el mejor del pedido y dos de jamón (1,85). Todo por 14 euros

Zurrigorri Taberna: una barra pobretona para un bar con un toque jarrai en la música y el camarero. Pero ya puestos entramos para tomar dos txakolis (1,9), una de anchoas rebozadas 2,5 y una de croquetas (3 croquetas malas 3,5). Todo por 9,8€

Ekain: buenos pinchos y no muy caros (2,1), dos txakolis y pincho de bacalao al pilpil, uno de carrilleras y otro txaka con langostinos: 9,9€

Gure Toki: recomendado por la Michelín y uno de los más llenos. Su secreto está en que sus tapas son más originales y distintas, con un toque entre internacional y moderno. Nosotros pedimos un mini-kebab de pollo y una croqueta de chipirón en su salsa acompañado con dos txakolis. Todo 8 euros, no solo fue original sino barato.
 

Sorginzulo: en otra de las esquinas de la plaza este local, de tapas elaboradas, era de los más llenos de los que visitamos. Lo mejor: el bocata de calamares en pan de chipirones. Aunque estaba todo bueno, la croquetas de chistorra con calamarcito, el pintxo de bacalao al pil-pil o la hamburguesas de queso de cabra. Aquí fuimos invitados (gracias Maku y Bea!!!) pero para que os hagáis una idea de los precios, los pintxos rondan los 2,30€ y el zurito (que es como llaman allí a la caña) está a 1,30€

La olla: otra de las mejores barras de la plaza. De hecho fuimos a tomar un vino cuando aún era muy pronto para tapear pero flipamos tanto con el lugar que volvimos más tarde y pedimos un falso huevo de queso y salsa de mango, dos tatakis de atún, dos gildas, dos nidos de patatas con setas y huevo poché. Todo con una bicicleta (dos ruedas), un zurito y un mosto por 22€

Victor Montes: aunque aquí no pedimos nada os lo recomendamos por la pinta del sitio. Nos pilló pronto para comer pero si vais visitadlo porque todo tiene muy buena pinta. Nosotros solo nos tomamos tres zuritos y un verdejo por 8,10€.... era de la mejores barras pero nos pilló un poco pronto y aún sin hambre,

Zaharra: dos pinchos de atún con piparras, uno de jamón, zurito, agua y dos blancos. Tampoco os podemos decir el precio porque nos invitaron pero el lugar en si no tiene nada del otro mundo

Y con esto ahora si podemos decir que hemos poteado en Bilbao como dios manda.... y con esta experiencia os lo recomendamos sin lugar a dudas!!

jueves, 4 de enero de 2018

Cocido Madrileño XX: Casa Mingo

¿Hay alguien en Madrid que no conozca Casa Mingo? estoy seguro de que no, todo el mundo conoce esta centenaria sidrería y su edificio, abierto en 1.888 por DoMingo García en los antiguos almacenes de material de las construcciones ferroviarias de la cercana estación de Príncipe Pio. Por aquel entonces se llamaba estación del Norte y el bar nació como punto de encuentro de los asturianos que trabajan en dicha estación. Poco a poco, y con los años, este "llagar" improvisado de emigrantes acabó siendo "La sidrería" de Madrid, fabricándose allí su propia sidra (Aviso a Navegantes: ya no es como en asturias, su sidra famosa es con gas y no hay camareros escanciando.... en Madrid somos raritos para eso).

Si conocido es el local, más conocida es su reducidísima carta: tortilla, ensaladas, empanada, chorizo a la sidra y pollo. El pollo, junto con la sidra, son las banderas de Casa Mingo. Lo que poca gente conoce es que en su planta superior, accediendo bordeando la calle por la parte trasera del local, existe un restaurante donde si admiten reservas y hay más opciones de carta como la fabada o el cocido.

Si señor, aquí sirven cocido en invierno, aunque solo de lunes a viernes. El precio es de 17 euros, solo el cocido sin postre ni bebida (aunque te invitan a café de puchero). Viendo a como está el precio de los cocidos desde que están tan de moda se antoja barato aunque la calidad no es excesivamente alta ni la cantidad excesiva. El cocido va en dos vuelcos.

El primero es una sopa que viene acompañada de cebolleta natural, encurtida, pepinillos y guindillas. Te la traen en sopera que te dejan en la mesa para que te sirvas lo que quieras. No está mala pero su gusto es tirando a sosa, como con poca grasa.

El segundo con las carnes, la verdura y los garbanzos. Al conjunto le pasa a como a la sopa, está algo falto de sabor. La verdura es correcta y la carne normal aunque destaca sobremanera el chorizo, este si que era soberbio. Los garbanzos aunque también tenían un toque soso no estaban mal y en su punto de cocción.
Ración individual del segundo vuelco

Todos fue acompañado con una botella de 3/8 de Valdepeñas (5,7€) y agua, saliendo la cuenta para dos por 42 euros. El servicio fue muy bueno, haciendo que la comida fuera muy agradable a un buen precio. Es cierto que el cocido no es de los mejores de Madrid, ni el de más cantidad (nos lo acabamos entero) pero es aceptable y el local bien merece la pena.

OJO que no os pase como a nosotros en nuestro primer intento: el cocido es en invierno pero no en Navidades, más o menos entre la lotería y Reyes no lo sirven.... si vais tampoco pasa nada, siempre puedes ir a Mingo a lo que hace todo el mundo: comer pollo con sidra o, como hicimos nosotros, probar su fabada que no está nada mal.

martes, 19 de diciembre de 2017

Tándem by Triciclo

Triciclo fue la revelación gastronómica de Madrid allá por 2.013. El boca a boca hizo que la cocina de sus tres chefs (Javier Mayor, David Alfonso y Javier Goya) triunfara en muy poco tiempo y que siempre estuvieran completos. Por eso, menos de un año después, decidieron abrir un segundo local: Tándem

Situado en la misma calle que su hermano mayor la propuesta es algo más desenfadada: cocina non-stop y más sencilla, toques variados en función de la hora desde el desayuno, el bruch o la carta de comida con picoteo frío (cecina, foie, salón, quesos u otras), ensaladas, bocatas o algunos platos de Triciclo (callos, canelón, etc.). Todo servidos en modo slow-food. Pasos tranquilos, uno a uno, que hacen todos se disfruten de forma sosegada. Además mantienen en su carta el concepto de medias raciones por lo que se pueden probar muchos platos aún yendo poca gente. Por ejemplo y para dos:

- Las bravas de Tandem: una salsa muy especial, con su toque a ajo y preparación exquisita

- Canelón de rabo de toro: un plato clásico de Triciclo y que no te puedes perder

- Albondigón de buey: está entre la leche y la virgen. Es solo una albóndiga sobre parmentier pero la calidad de la carne y la preparación lo convirtieron en uno de los mejores platos del día.

- Media de callos, otro clásico de Triciclo. Es la preparación tradicional de los callos a la madrileña, sin florituras y sin nada más pero diría que es de los sitios donde mejor los guisan.

- Media coca sarda, de queso, rúcula y tomate negro. Yo no soy muy de queso pero he de decir que no estaba mal. Sobretodo el detalle del tomate negro

- Steak Tartar. Muy pequeña ración de un buen tartar con huevo de codorniz

Decir que el precio en carta de algunos platos es caro. La media coca o la media de callos fuero 8 euros, las bravas 7,5€ una ración más bien pequeña. Igual precio el canelón o el albondigón. Toda la comanda, con una cerveza doble, una copa de blanco, pan y dos cafés salió por 55 euros por lo que el precio medio del local puede estar entre 20-30 euros.

Apuesta segura si quieres preparaciones de calidad, los chicos de Triciclo no fallan y siguen creciendo. Tras esta apertura han abierto un corner en el Espacio Gourmet del Corte Inglés de Castellana y su última adquisición, Taberna La Elisa, una antigua tasca de 1.907 en la misma calle que Triciclo y Tándem y con platos de lo más cañí: bravas, callos, casquería, caracoles y toda la comida de taberna que te puedas imagina y que esperamos probar en breve.

martes, 12 de diciembre de 2017

Wagamama - cadena asiática

Wagamama es una cadena asiática que ha entrado en España de la mano del grupo Vips. En la apertura de su primer local, en la calle Serrano, la expectación que se había creado a su alrededor, por la publicidad y el éxito cosechado en Inglaterra, hizo que se superaran todas las previsiones y se les acabara el género. En unos meses, han abierto otros tres locales más, todos ellos en Madrid (Calle Génova, Parque Sur y en el nuevo Centro Comercial Plaza Río 2). Este último es el que visitamos.

Como buen establecimiento de Centro Comercial, está orientado a familias, con espacio para carros, miles de tronas... pero ojo, gran error de los diseñadores: las mesas son más altas del estándar y eso no lo han previsto en las tronas. El pobre bebé sentado en su trona, no será capaz de llegar a la mesa para comer (y eso que nuestro bebé era ya mayorcito). El local es informal, con zona de mesas largas y bancos corridos, donde salvo si eres un grupo grande, probablemente acabarás compartiendo mesa.

Cuando recibimos las cartas estábamos un poco perdidos. Íbamos con los dos niños, así que nos pareció una buena idea elegir varios platos a compartir. Así lo transmitimos, pero aún así, no fuimos capaces de conseguir más de una cuchara para el ramen y fueron varias las solicitudes de platos individuales para poder compartir cómodamente. Carta muy amplia con infinidad de nombres impronunciables y que a un occidental no aportarán mucha información y fotos, donde no se apreciaba bien la diferencia entre unos platos y otros. Habíamos oído que era un sitio especializado en ramen, así que esa fue nuestra primera opción:

- Wagamama Ramen: un caldo de sobre, con fideos que ni fú ni fa y una mezcla de ingredientes (pollo, gambas, huevo, mejillones, panceta, algas...) que no armonizaban en exceso.

- Gyoza de pato: muy normalitas. Necesitaban la salsa de soja para darles gracia.

- Yaki soba de pollo: Pese a pedirlo solo de pollo, vino con pollo y gambas. El mejor plato probablemente.

- Teriyaki donburi de ternera: No nos lo acabamos. Un gran bol de arroz blanco soso, y con una carne con salsa sin personalidad, que recordaba de nuevo a ser de sobre.

- Por último, tenemos que destacar los postres. Se ofrece la opción de "mini postres", cuyo precio no llegan a dos euros y son de un tamaño perfecto para rematar la comida

Al final, fue una comida que no pasará a la histora y, posiblemente, ni siquiera repitamos, por 54 €.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Mercado de la Reina: postureo en Gran Vía

Me pasa siempre con estos sitios modernos. No me gustan demasiado. Las cartas son iguales. Los sabores son iguales. Los camareros son iguales. Hasta la música y la decoración son parecidas. Clones unos de otros, donde no puede falta el salmorejo, el carrito de Gin-Tonics y el camarero que te dice "¿Qué tal chicos?" y que luego desaparece. Eso, con una carta que se define de cocina tradicional es el Mercado de la Reina, un restaurante que pertenece al grupo del mismo nombre y que gestiona otros locales famosos de la capital como el Museo Chicote.

¿Qué más encontrarás? música altas, mesas pegadas, un servicio juvenil pero despistado y una carta dividida en cuadros: Picoteo (salmorejo, ensaladilla, pulpo, calamares, ensaladas, etc.), Platos Principales originales como tartar de lubina, raviolis de rabo de toro, gran variedad de preparaciones de huevo, carnes, guisos como carrillera, pescados y frituras. En laborables también se puede como de menú a un precio económico para ser la Gran Vía (13,5€) o una hamburguesa por 11,5€. Todo se prepara en una cocina vista en la parte inferior y tiene pinta de ser comida semi-preparada, de la que ya está hecha y solo se remata y calienta en cocina. Al menos eso parecían los platos que pedimos

- Salmorejo. muy normalito

- Raviolis de rabo de toro: bien el ravioli y el contenido pero tenía ese toque a comida preparada, esa salsa de menú de boda que le hacía perder la gracia.

- Ventresca con pisto. Seco y muy hecho el atún, soso y aceitoso el pisto.

- Brocheta de calamar y gamba. Difícil decidir entre que estaba peor, la gamba o el duro calamar. Lo que si es fácil es ver en la foto lo grasiento de la salsa que además sabía como la del pisto

- Terminamos con un postre de mousse de chocolate que nos permitió terminar la comida con algo bueno, en sabor y en precio (4€ solo)

El servicio he de decir que a pesar de estar despistado y dejarnos prácticamente abandonados a la hora del café y los postres, fue muy agradable y atento. Como pega, la manera de disponer la poca gente que había. Según llegamos nos sentaron en las mesas de la parte alta del fondo, una zona con las mesas muy juntas. La zona estaba prácticamente vacía y aún así nos sentaron la lado de una pareja. Tan juntitos que parecía que estábamos comiendo los 4. Lo mejor vino cuando la pareja acabó y se fueron, al poco rato llegó otra y, con el restaurante igual de despejado, les acomodaron también a nuestro lado.

Aunque al ver la carta todo es más o menos de un precio normal al final pagamos 30€ por persona los platos que habéis visto con agua, pan, dos Coca-Colas y un café. No es que sea mucho pero tampoco es barato para la calidad que tiene. Si lo buscas en Tripadvisor veréis que lo ponen muy bien, quizá el equivocado soy yo, pero esa web y yo no solemos estar casi nada de acuerdo, restaurantes desconocidos entre los mejores de la ciudad, hamburgueserías por encima de michelines y cuñaos poniendo a parir a locales a los que luego les dan 4 estrellas... no sé, para esa web este local está entre Excelente y Muy Bueno pero nosotros no creo que volvamos.
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