martes, 4 de julio de 2017

Girona de tapeo

Nuestro paso de tapas por Gerona fue breve. El objetivo de nuestro viaje era una comida, de sábado, en El Celler de Can Roca por lo que el vermú de ese día nos lo saltamos. No queríamos comer nada de nada antes de ir al local de los Roca. Los trenes tampoco ayudaron a tener mucho tiempo, el domingo nos íbamos pronto por la mañana y el viernes llegamos casi a las 11 de la noche lo que en Girona es un problema porque hay muchos bares que cierran a medianoche.

El tema de los horarios, lo pronto que cierra todo, junto con el precio de algunos locales son dos de los fallos de una ciudad que, por otro lado, es preciosa y bien merece la pena una escapada para ver la zona antigua, el barrio judío, los baños árabes o las casas de Oñar. Para el tapeo hay, principalmente, dos zonas, una por la Rambla y adyacentes, Mercaders y Plaza la del Vi, y la otra en la Plaça de la Independencia. Donde más nos clavaron fue en la primera zona donde una copa de cava, y no muy bueno, puede llegar a costar 4 euros. También es difícil tapear como tal, es decir, el rollo de llegar a una barra, pedir una ronda y al siguiente bar, no se estila mucho. El estilo es más de cenar, de sentado y de ir a un solo sitio, aunque en muchos de ellos haya pinchos y las cartas y la comida son muy apetecibles.

Zona Ramblas:
- Artusi: mala suerte, las 11 de la noche, Cenicienta ya se ha ido y parece que el cocinero también. Solo se pueden tomar pinchos de los que han sobrado del servicio del día y la pinta no era nada buena. Pedimos un agua para matar la sed y dos cavas (Rigol) que nos tomamos corriendo para poder ir a buscar algo abierto mientras los camareros recogían la terraza... no sea que vengan clientes. Las tres bebidas por 8€
- Mon Oncle: Era de los que más llenos estaban por la zona y viendo que peligraba el comer algo decidimos meternos aquí. Además tenía una zonita de barra donde nos atendieron de una forma exquisita. Nos salió caro pero porque no nos privamos y quisimos probar unas gambas de la zona. También pedimos una tabla de embutidos pensando en que serían de cercanía: fuets y butifarras... nada más lejos de la realidad, jamón de pato, salchichón, lomo malo en un plato nada destacable y donde lo mejor era el pa amb tomàquet. Todo, con dos cavas, por 31 euros.
 

- Plaça del Vi, en la plaza del mismo nombre. Medianoche y aún con ganas de tomar algo más pero todo iba cerrando y nos quedaban pocas opciones cuando vimos este local. Lleno, la terraza con gente, dentro mesas altas a las que aún sacaban comandas. Este es el sitio, pensamos. Entramos, pedimos dos cavas y una de anchoas... oh, malas noticias, el camarero nos dice que no se puede pedir nada de comer. Nos quedamos con los dos cavas y una cuenta de 8 euros por ellos.

Plaça de la Independencia: la visitamos el segundo día, con el estómago aún lleno tras la comida en Can Roca pero aún así no queríamos desaprovechar la última noche:
- Koning: habíamos leído que era uno de los locales más famosos de la ciudad. Es una cervecería, con carta semi low cost y con varias sucursales. Es famosa por sus bravas y había cola para sentarse en mesa pero nadie para la barra así que allí nos sentamos a probarlas. Tenían una salsa especial, demasiado untuosa y que no nos gustó demasiado.

- Xiringuito: seguíamos con antojo de anchoas desde el día anterior así que paramos aquí, nos tomamos unas anchoas (9,9€) con pan con tomate, un agua y dos cavas (2,8€ cada uno). Es un sitio normal, como muchos de los que hay en la plaza.

Acabamos la visita volviendo a la zona del día anterior para visitar el Vadevins, otro local recomendado y, para mi, el mejor del viaje. Un verdadero bar de tapeo, donde puedes pedir la tapa por unidades con una copa de vino, caña o cava y donde los precios son asequibles. Los cavas a dos euros y las tapas a uno. Pedimos una croqueta y un par de cavas. A las 23:40 quisimos un cava más: - "cerramos en 20 minutos ¿os dará tiempo?" fue la pregunta del camarero" - "Nos sobran 19" fue nuestra respuesta.

Y con este cava acabó nuestra breve visita a la ciudad preciosa, con buenos y abundantes bares pero a la que le falta algo de pegada en el tapeo. Quisimos despedirnos de la ciudad pasando por Rocambolesc, la heladería de Jordi Roca y que ya habíamos probado en el Madrid (Corte Inglés de Ayala) donde disfrutamos de nuevo de las genialidades de este tío en un delicioso helado de cereza con lima y la famosa RocaTocha su helado con más narices hecho de fresa y rosas.

1 comentario:

  1. Si, Girona es una ciudad muy bonita,preciosa, pero no es para tapear, les falta eso, y mira que en el barri vell podría haber locales y esa tradición porque se presta a ello, pero no, llevo un año viviendo aquí, y lloro cada vez que intentamos salir de tapeo (y ni que decir lo de la tapa gratis aaains) A lo que voy, el Vadevins es uno de mis fijos, de hecho es de los pocos, por no decir el único perfecto para ese rollo de una ronda y al siguiente bar, aunque sus pinchos como los suelen recalentar dejan un poco que desear, las croquetas bastante decentes. La plaça del Vi, bueno, pues casi deciros que mejor solo os tomarias el cava (y vaya caro eeh) yo he ido a comer, y bueno, en mi humilde opinión bastante caro, tapas escasas, y aunque buenas, nada que me llamara especialmente la atención (bueno sí, el precio de las copas de vino, que una amiga me dijo que eran lo normal .... :O ) Si haceis una próxima visita, os recomiendo El Vermutet, sitio típico de vermuts, de estar en la barra, tienen tapas frías, conservas, encurtidos, la ensaladilla muy muy buena, eso sí, vuelvo a lo mismo, al final es caro, porque el tamaño de la tapa que te cobran, es lo que en otras regiones sería la tapa de cortesia, pero hay buen ambientillo al mediodia, ambiente de vermuteo, que no encuentras en muchos más locales. También hay un vasco que está muy bien, el Txalaka, pero tiene una pega, que no hay espacio para estar en barra, ya tienes que sentarte y te preparan la mesa como para comer, lo cual no me gusta.

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